martes, 22 de abril de 2008

Muñoz mató a Fischer! (Parte II)

Fotografía de esta partida histórica. A la izquierda, les observa el árbitro internacional Paul Klein Wolff.

Resumen del artículo del Prof. Miguel Iñiguez Viteri, titulado "La partida de ajedrez con que Muñoz enmudeció a Fischer", publicado el lunes 21 de octubre de 1991 en la sección DEPORTES de diario EL UNIVERSO de Guayaquil, Ecuador.

El ecuatoriano César Muñoz había llegado a Leipzig, Alemania Oriental, con el anhelo de desempeñar un buen papel ante los "monstruos" que defendían el primer tablero de cada uno de los 36 países que participaban en la XII Olimpiada Mundial de Ajedrez. Lejos estaba de imaginarse que en la segunda ronda tendría que enfrentar al más poderoso ajedrecista de la época: el genio norteamericano Robert J. Fischer, más conocido como "Bobby" Fischer, quien años más tarde se convertiría en el campeón mundial de ajedrez de manera indiscutible, superando claramente a los mejores del mundo.

Era conocido que Fischer, con sólo 17 años ya ostentaba el campeonato de los Estados Unidos en varias ocasiones, era gran maestro desde los 14 y probablemente era el mejor ajedrecista de occidente, una futura gran amenaza para los rusos. Su nombre hacía temblar a muchos de los jugadores que sabían que le medirían. Pero César Muñoz Vicuña, deportista de mediana estatura, de carácter firme y arrogante, que con puro talento había ganado la representación del primer tablero del Ecuador, no podía temerle, y menos intimidarse frente a Fischer, lo que equivalía a entregarle un arma para que lo mate.

Muñoz arribó a Leipzig por sus propios recursos, que lo dejaron sin el pequeño terreno que poseía en la ciudadela Urdesa, en Guayaquil. ¿Qué importaba? La meta era cumplir el sueño de todo ajedrecista: representar a su país en una olimpiada, el más importante evento del orbe después del campeonato del mundo. Muñoz se sentó y por primera vez Fischer supo lo que era que lo miren de frente. El genial Bobby, lejos de perturbarse, inició con las piezas blancas sus lances hacia la victoria, moviendo dos casillas su peón de rey. Muñoz respondió moviendo dos casillas su peón de alfil dama, planteando una defensa siciliana, y posteriormente entró en la variante Dragón, en la que todos sabían que Fischer era un experto. De los 176 competidores, probablemente sólo tres no apostaban a Fischer: el danés Bent Larsen, el islandés Frederick Olaffsson y el filipino Florencio Campomanes. Los tres, en competencias anteriores, supieron de la fuerza de Muñoz e inclinaron sus reyes.

La partida continuó. Aunque Fischer jugó con gran energía, pronto el laboratorio de Muñoz fue superior y en la jugada 26 ya había obtenido una clara ventaja posicional. A partir de aquel momento el silencio se hizo más notorio en la sala. Los otros jugadores se iban acercando a la mesa sigilosamente pero ni Fischer ni Muñoz se daban cuenta, ya que estaban absortos en las complicaciones de la partida. Fischer lucía pálido, pues sabía que estaba perdido. El semblante de Muñoz, en cambio, irradiaba de color mientras le asestaba el golpe de gracia. Entonces Bobby se levantó y estrechó la mano del ganador, al tiempo que se rompía el silencio en la sala con exclamaciones de asombro que se transmitían por el teletipo a los más remotos lugares del planeta. "Perdió Fischer!"... "Muñoz lo mató!". La bandera tricolor ecuatoriana, sobre la mesa de juego, parecía brillar más que la de Fischer...

4 comentarios:

  1. barahona.
    exelente aporte, gracias

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  2. Y quien chucha lo conoce al batracio de muñoz, capaz esta vendiendo guatita en bolsa afuera del san jose la salle jajajaja

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  3. El ya murió pero una excelente persona porque el reflejo de los padres son los hijos tu eres el ignorante por lo mismo que no los conoces deberías pensar antes de escribir

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  4. El ya murió pero una excelente persona porque el reflejo de los padres son los hijos tu eres el ignorante por lo mismo que no los conoces deberías pensar antes de escribir

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